¿Hasta dónde un mundo al compartirlo puede mezclarse y confundirse con otro?

¿Desde cuando el abrir la mente y el corazón a alguien puede hacernos cerrar la puerta a nosotros mismos?

Cada vez pareciera que entre más se comparte más se pierda lo autóctono, propio y verdadero, en vez de pensar e imaginar nuestro universo, nos vemos infiltrándonos en un universo que no es el nuestro, una vida ajena y nos preguntamos cómo es y sería si la tratamos de cambiar. La vida nos apasiona pero sin darnos cuenta así nos aprisiona a una fantasía y  a un deseo sin identidad.

Solo deberíamos imaginar desde lo nuestro, para el futuro sembrar y cosechar ese deseo que poseemos, si en nuestro mundo imaginamos con quien nos mezclamos, no deja de ser verdadero, pues él o ella están aquí tanto afuera como adentro, pero si de pronto nos imaginamos en su mundo o somos espectadores de ello, estamos invadiendo, metiéndonos donde no nos pertenece y no podemos crear desde el centro. 

Que ego el del humano que quiera adueñarse de cualquier sueño, que ego o que falta de sueños propios para compartir, somos muchos y no nos basta con cada uno tener un poco de cielo, queremos el del otro, queremos con celos…

No se donde esta la esperanza de nuestra propia vida como suficiente en recursos y anhelos, parecemos disconformes o equivocados con el destino, por lo que me cuestiono ¿hasta donde hay que mezclar o compartir nuestros más profundos anhelos? ¿hasta cuando es que debemos dar vuelta y enfocarnos en el encuentro pero desde un punto subjetivo sin alteración de dueño? ¿hasta dónde es que podemos abrir la puerta sin que se metan o salgamos y nos perdamos confundidos de mundos y sueños?

Tal vez estas sean preguntas variables, hay quienes tengan sus huellas de regreso o bien reconocibles sus propias casas, pero hay quienes vemos vagado mucho, con un falso deseo de querer ser otros o controlar lo que no poseemos.

Espero llegue el día que crezca con fuerza la voluntad de un deseo. Qué marquemos territorio interno y se acabe lo de desear lo ajeno.

Poder expresar lo que se quiere es escuchar esa voz retumbar con eco en nuestro corazón, para que nuestra mente no se confunda con otras voces y otros deseo.

Poder reconocer mi propia voz y mi propio sueño nos separa un poco pero también nos hace más enteros.

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